La sequía no requiere una regulación urgente y extraordinaria

La comunidad científica considera la sequía como normal y consustancial en muchos de los climas del planeta, entre ellos los propios del territorio español

La sequía es un fenómeno normal y estructural del clima y, por tanto, su regulación a través de normas jurídicas excepcionales y de urgencia no está justificada.

De acuerdo con el artículo publicado en la Revista de Administración Pública por el profesor Pedro Brufao del área de Derecho Administrativo de la Universidad de Extremadura, la comunidad científica considera la sequía como una situación normal y consustancial en muchos de los climas del planeta, entre ellos los propios del territorio español, incluso en la llamada España húmeda. Así lo avalan estudios promovidos por la Real Academia de Ciencias Exactas y Naturales y la Fundación Marcelino Botín.

A pesar de no existir un concepto unívoco de sequía (meteorológica, hidrológica, agrícola e incluso psicológica), existe acuerdo científico sobre el carácter propio y recurrente en el clima mediterráneo y atlántico, es decir, la sequía es una característica “normal”. Su carácter cíclico sí varía según el lugar geográfico.

El autor critica la práctica frecuente de la administración pública de regular las sequías a través de decretos leyes destinados a reglamentar situaciones anormales y excepcionales. Si la sequía no es una situación extraordinaria, su regulación por medidas de urgencia no está justificada. Pedro Brufao manifiesta que “las sequías se tratan de manera excepcional y acientífica, lo que promueve resultados de ineficacia y despilfarro de recursos públicos, así como de no pocos casos de irregularidades y corruptelas”. Numerosas obras públicas e infraestructuras se han llevado a cabo al amparo de estos decretos leyes.

Por cuestiones históricas, el derecho de aguas se basa en la satisfacción del consumo, no de la demanda. Las conclusiones del estudio sostienen la promoción de una gestión de la demanda que integre el coste real del agua, la eliminación de los cultivos ilegales y de todos aquellos regadíos ineficientes. La inclusión en el precio del coste real del agua, los costes ambientales y el control de los consumos ilegales actuaría como motor de eficiencia. Son necesarios a su vez, planes de gestión de la sequía a largo plazo que dispongan medidas preventivas y de adaptación. Los planes actuales especiales de actuación en situaciones de alerta y eventual sequía (PES) no integran lo suficiente medidas preventivas, ya que se aplican cuando alcanzan la fase de pre-alerta.

Aguas subterráneas

La buena gestión de las aguas subterráneas es otra asignatura pendiente. De acuerdo con los datos de la Fundación Marcelino Botín, el uso de las aguas subterráneas cuadriplica la eficiencia de las aguas superficiales públicas: con una misma unidad de agua se produce cuatro o cinco veces más de producción y además son más baratas.

No obstante, el profesor Brufao pone de manifiesto el escaso control de las aguas subterráneas. Por ejemplo, la organización WWF denunciaba en junio de 2011 la existencia de unos 2.000 pozos ilegales en Doñana, frente a 550 legales. El uso ilegal del agua en Doñana consume el 90% de la recarga de los acuíferos que nutren los arroyos y el humedal.

La Directiva Marco del Agua trata las sequías excepcionales cuando son muy graves y obliga a los estados a realizar planes de gestión hidráulica de acuerdo con las características naturales de los ecosistemas para lograr un buen estado de las aguas. Pedro Brufao subraya que la última sequía grave, entre 2007 y 2009, no conllevó problemas de abastecimiento y se respetaron las excepciones europeas para los cumplimientos de los niveles de contaminación, biodiversidad y buen estado ecológico de las aguas. “Con buenos planes de gestión de la demanda y de las aguas subterráneas, las sequías dejarían de ser una fatalidad”, puntualiza Pedro Brufao, que concluye “hay que adaptarse a las sequías con criterios de eficiencia, legalidad y transparencia”.

En este sentido, critica también el papel de los medios de comunicación por sus informaciones alarmistas, parciales e incompletas de las sequías que sólo proporcionan datos de las aguas superficiales, sin tener en cuenta otras variables como el mercado diario de la energía hidroeléctrica y la excesiva capacidad de muchos pantanos.

La investigación está en línea con los objetivos de la iniciativa del Campus de Excelencia Internacional HIDRANATURA, sobre Gestión Eficiente de Recursos Hidronaturales. HIDRANATURA tiene la vocación de situar a la Universidad de Extremadura entre las mejores universidades europeas en el plazo de cinco años. Este tipo de trabajos contribuye a la consolidación de una investigación científica y multidisciplinar en el ámbito del agua y crea alianzas estratégicas para conseguir la excelencia internacional.

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Reconstruyendo el clima pasado

Si nos imaginamos a un científico en su ámbito de trabajo enseguida nos viene a la mente un laboratorio, tubos y complejo instrumental. Sin embargo, en el campo de la paleoclimatología, una rama de la ciencia cuyo objetivo es reconstruir el clima pasado, muchos físicos utilizan como fuente de información y herramienta de trabajo los documentos y registros históricos. En esta última línea de investigación podemos decir que los físicos se han convertido en auténticos “historiadores” del clima.

 

La medición de datos meteorológicos es una actividad relativamente reciente – un siglo o dos como mucho – y resulta insuficiente, por tanto, para estudiar el clima en series de tiempo más largas. Para estudiar la variabilidad del clima en el pasado podemos recurrir a los registros biológicos y geológicos, pero indudablemente los textos escritos son una fuente de información disponible muy valiosa. Aquí es donde entra la labor del Grupo de Investigación AIRE de la Universidad de Extremadura, especializado en el campo de la reconstrucción del clima a partir de fuentes documentales.

 

Gracias a la investigación llevada a cabo por Fernando Domínguez Castro junto con investigadores de otras universidades españolas, una de las fuentes escritas que han resultado decisivas en la reconstrucción del clima han sido las rogativas. Las rogativas son plegarias que realiza el pueblo para pedir a Dios por el remedio o una necesidad urgente, en general, la falta de lluvia. La solicitud y desarrollo de rogativas era una práctica muy reglamentada y registrada tanto por la iglesia como por los ayuntamientos. El procedimiento comenzaba con una solicitud previa de los agricultores -los primeros en sufrir la sequía- quienes, a través de las instituciones gremiales, avisaban del problema a las autoridades. Los ayuntamientos evaluaban la decisión de encargar algún tipo de rogativa a la Iglesia. Ésta insertaba la rogativa en el calendario y convocaba al público. Toda la tramitación quedaba registrada en diferentes archivos, convertidos así en fuente importante para los estudios paleoclimáticos.

 

Las investigaciones permiten reconstruir las series de sequías de 1500 a 1900 y desarrollar un patrón de la sequía en España. Los expertos han consultado los registros en 16 ciudades españolas, Toledo, Zamora, Bilbao, Santo Domingo de la Calzada, Calahorra, Zaragoza, Vic, Barcelona, Teruel, Tortosa, Gerona, Tarragona, Murcia, Zafra y Sevilla, buscando principalmente los periodos de tiempo que las poblaciones dedicaban a celebrar rogativas de manera continuada y al mismo tiempo, en todas las estaciones del año. Estas variables objetivas, que miden la correlación de las rogativas con los días sin lluvia, ayudan a determinar el dato importante, la duración de la sequía. Así por ejemplo, según explica Fernando Domínguez, la concentración de rogativas en distintas localizaciones de España observada de 1750 a 1754, y posteriormente en 1800, indica la persistencia de una sequía en la mayor parte de la península ibérica con probables perjuicios socioeconómicos en la población.

 

Los resultados obtenidos a partir del registro catedralicio de Toledo han sido publicados por los investigadores en la revista científica “Global and Planetary Change” y, recientemente, en la revista de divulgación “Investigación y Ciencia (enero 2012). De acuerdo con esta última publicación, para generar el registro de rogativas toledanas fue necesario consultar más de 450 volúmenes de actas y libros capitulares donde se describe el día a día de la Catedral de Toledo desde el siglo XV. 

 

Por último,  para aquellos que os interese este tema y busquéis mas información, la UEx, Campus de Excelencia Internacional Hidranatura,  forma parte del proyecto Salvà-Sinobas http://salva-sinobas.uvigo.es, formado por 8 universidades españolas, cuyo objetivo es caracterizar la variabilidad climática en la Península Ibérica durante el periodo 1750-1850 mediante fuentes documentales y variables naturales, entre otras.

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